Madeline Rodriguez ( Cuba / Francia )
January 12, 2011 by Salsa-101
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Madeline Rodriguez ( Cuba / Francia )
Madeline es “mi Made”.
El cariño que le tengo me niega toda objetividad; trataré simplemente de apartarme en estas palabras de los aburridos senderos de la alabanza demasiado convencional.
Mas no me pidan que no vuelque aquí mi admiración por la mujer y la artista.
Empecemos por esta ultima faceta.
Hay quienes consideran que es nada más y nada menos que la mejor profesora del circuito internacional.
Sabedora de hartas artimañas en la danza, sanamente seductora en el juego de bailar, conocedora incomparable de la cultura afrocubana, arraigada en ella de modo inexpugnable, sonera que con sólo entrar en el recinto raja las baldosas, salsera infatigable capaz dar la vuelta del reloj y que le sobren horas, rumbera de estirpe, fiestera que no hay quien la extirpe…
Muy sumario elenco de sus dotes…
Nos conocimos en el hall de la principal estación de trenes de Paris, la Gare de Lyon.
Yo tenía encomendado darle unas remeras realizadas en Hungria para su enjambre de alumnos.
Ya a lo lejos divisé su portentoso andar y su aura natural de abeja reina.
Una sonrisa y un abrazo, menú fijo de la felicidad.
Teníamos hambre y fuimos a comer. Todo así de sencillo.
Matizamos con vino y nos convino. Con amistosos mimos y nos fuimos.
Cada uno rumbeó hacia un rincón del mundo en esta loca mas no descabellada profesión que es la nuestra.
Nos volvimos a encontrar, como con Israel, en Eslovenia.
Me hundió con un abrazo en el agua de la piscina que una improbable rueda de casino embravecía.
Me hizo reír con sus ocurrencias y me enterneció hablándome de sus hijos.
Me dejó clavado en mi silla con el Son que ella y Mario Charón bailaron para el deleite de los presentes, entre los cuales haber podido estar fue un privilegio.
Madeline es además una mujer sumamente receptiva. Habla de energía negra cuando tal o cual individuo le produce rechazo, se pega como un imán a aquellos que le caen bien, es inmediata como la llama que irrumpe del fósforo y transparente como el agua en el hueco de la mano.
Sus palabras dan calor humano y su buen humor apaga la sed de alegría.
Si bien estos retratos que me propuse hilvanar así porque sí no conllevan anatemas u oprobios, como es de esperar cuando se escribe acerca de gente querida y a los demás se los ignora, hago hincapié en lo mucho pero mucho que quiero a Madeline.
Lo más curioso de todo esto es que jamás bailamos juntos.
Digamos que no se dio, a pesar de haber compartido más de una fiesta.
Como con ella, ya lo vieron, lo que no fluye no es, me atrevo a pensar que nuestros cuerpos le dejan por ahora la primicia absoluta a nuestras almas en lo que a la armonía se refiere.
Y cuando esto ocurre entre dos profesores de salsa, el apreciarse fuera de lo que a priori más y mejor saben hacer incrementa, a mi entender, el valor del encuentro.
Esteban Isnardi
Diciembre 2010
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