“Tito” aún le canta al amor

“Tito” aún le canta al amor

“Tito” aún le canta al amor
autor: Angel Mendez
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> Este 4 de enero el idolatrado bolerista boricua estaría cumpliendo 90 años
Pablo “Tito” Rodríguez Lozada nació en Santurce, Puerto Rico, el 4 de enero de 1923, es decir, que mañana el bolerista preferido de los enamorados estaría cumpliendo 90 años de edad.

 

“Tito” fue el segundo de diez hijos de la unión formada por el do- minicano José Rodríguez Fuentes y la cubana Severiana Lozada. Pode- mos intuir que de esta sangre lati na le viene a nuestro personaje su pasión por la música.
Del bolerista se ha escrito cual- quier cantidad de cosas, la mayo- ría de ellas incluidas en su biogra- fía, pero de todas siempre se ha destacado el orden y la disciplina que impuso en su orquesta, ver- sión que corroboramos en una oportunidad con “Cheo” Feliciano, quien se inició en el mundo del espectáculo fungiendo como “valet” de Tito, y luego le daría chance en los coros y lo recomen- daría con Joe Cuba.
SU NIÑEZ MUSICAL
Se cuenta de “Tito” que a los 12 años logró, organizó e integró el conjunto Sexteto Nacional, junto con el músico Mariano Artau. Luego, a los 13 años integró el Conjunto de Industrias Nativas que dirigía el maestro Ladí Martínez, con quien grabó, en 1937, el tema Amor
perdido. Al año siguiente es invitado a formar parte del Cuarteto Mayarí, al lado de Manuel Jiménez (gui- tarrista), Francisco “Paquito” Sánchez y el trompetista Plácido Ace- vedo. Tito tocaba las maracas y ha- cía la segunda voz.
EN NUEVA YORK
En 1939, Tito Rodríguez, con 16 años de edad, emigra a Nueva York y en principio canta con la orquesta de su hermano Johnny y más tarde con el Cuarteto Marcano, con el cual grabó sus primeros discos en NY. Luego entra a formar parte del legendario Cuarteto Caney y, tras una pasantía breve por las orquestas de Enric Madriguera y Xavier Cugat, presta en 1945 el servicio militar obligatorio en el ejército estadounidense.
Al licenciarse del ejército, el pianista y compositor cubano José Curbelo reclutó a Rodríguez co- mo cantante y músico para su or- questa. Ese año, mientras la banda de Curbelo actuaba en el club nocturno China Doll, Rodríguez conoció a una corista estadounidense-japonesa apodada Tobi Kei, cuyo nombre verdadero era Takeku Kunimatsu, con quien se casó unos meses después y tendría a sus hijos Tito Jr. y Cindy.
En 1947, Rodríguez fue despedido de la orquesta de José Curbelo y estuvo desempleado largo tiempo. Después dirigió un quinteto de corta duración y en 1948 funda la orquesta Los Diablos del Mambo, con la que rivalizó con las bandas de Tito Puente y los Afrocubans de Machito en el legendario Palladium.
EL INESPERADO ADIÓS
“Tito” supo aprovechar las ganan- cias que le deparó el éxito obtenido, pero justo cuando se encontraba en el pináculo de la fama (residía en una mansión en Long Island), en septiembre de 1971 supo que se hallaba afectado de leuce- mia. Siguió actuando y desoyendo el consejo de guardar reposo, Rodríguez realizó su última presentación con la orquesta de su colega Francisco Raúl Gutiérrez Grillo (Machito) en el Madison Square Garden el 2 de febrero de 1973, se desmayó en el escenario y murió 24 días después, el 26 de febrero de 1973.
Rodríguez falleció en los brazos de su esposa. Sus restos fueron lle- vados a Puerto Rico y velados en ceremonia que congregó a varios colegas suyos, entre ellos Tito Puente. Luego sus restos fueron cremados y depositados en una urna junto a los de su esposa, quien falleció años después

tito_rodriguez

CLICK HERE >> En Puerto AzulSu pasantía por Puerto Azul
“Tito” Rodríguez visitó con frecuencia nuestro país, donde se le tributó siempre un cariño muy especial.
De sus andanzas por Vene- zuela se registra su amistad con Phidias Danilo Escalona, relación imposible de obviar a la hora de hablar del boricua. Se ha dicho que Phidias, el bien llamado “padre de la salsa”, le bautizó a Tito una “tercera” hija, cuyo nombre no aparece en sus biografías, versión que no ha podido ser corroborada.
Lo cierto es que a comienzos de 1963, según leemos en rese- ña escrita por José Ignacio Corti- ñas, Tito Rodríguez triunfa en los carnavales de Caracas y se lleva el Momo de Oro a la mejor orquesta visitante.
A los pocos meses sacó un dis- co de pachangas y boleros con especial acento en las canciones que habían triunfado durante sus presentaciones en la ciu- dad, como homenaje a uno de los espacios más elegantes y lla- mativos de la metrópoli, por lo que decidió titular el álbum In Puerto Azul, Venezuela, para regis- trar su paso por este exquisito club litoralense, visitado exclu- sivamente por gente de clase media alta en ese entonces, con unas instalaciones muy moder- nas y confortables.
Cuentan que “Tito” fue con- tratado para tocar en un ver- mouth bailable y quedó fascina- do con la belleza del lugar. Ade- más, unir su nombre con la ele- gancia del club convenía a Tito. Era un asunto de estatus.
En ese LP aparecen las can- ciones: Alma Llanera, que inex- plicablemente fue suplantada por el tema Treinta y un sabores. Le siguen: Beso extraño, La polle- ra colorá, El criticón, En Puerto Azul, No sueñes despierto Si mi corazón pudiera, El trompo, Charanga con bossa nova, Cuando estés sola y El piragüero, un chachachá con un solo de trompeta de Víctor Paz, corto, pero muy efectivo.

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